viernes, 26 de abril de 2013

Lee mis labios (si puedes)

Para el día a día, para entender lo que les dice la pescadera sobre lo frescos que están los salmones, lo que les piden los compañeros de trabajo que hagan, lo que comentan los padres de otros niños en el parque,... muchas personas sordas recurren a la lectura labial. Y las personas oyentes damos por hecho que hacerlo es una capacidad innata de los sordos, como si fuera una asignatura troncal de su vida, y que, por tanto, entenderán completamente lo que les digamos. Después de todo, o se sabe leer o no se sabe, ¿no? Aquí no hay tonos grises que valgan.

Es cierto que, con práctica, siempre podemos mejorar nuestra capacidad de leer los labios -no veáis lo que he mejorado yo en el ciclo-, pero probad vosotros con el siguiente vídeo, a ver qué entendéis (tiene subtítulos, pero intentad no leerlos al principio):




Complicado, ¿verdad? Estaría bien que pudiéramos ver las palabras salir de la boca de nuestros interlocutores y leerlas. Pero no es así. Así pues, si vosotros no habéis entendido nada del vídeo anterior (o muy poco), ¿cómo puede ser que luego demos por hecho que las personas sordas que nos leen los labios nos entienden al 100%? ¿Cómo van a entendernos si tienen que recibir a través de un sentido una información que, originalmente, está destinada a otro? Los ojos no sirven para oír y, sin embargo, les pedimos que lo hagan.


Se ha demostrado que leyendo los labios solo se percibe un 30% de lo que dice el interlocutor, y eso si se te da realmente bien. El resto depende de la capacidad de cada uno para rellenar los huecos, como en los exámenes de idiomas. Pero, como se pregunta Rachel Kolb en su artículo Seeing at the speed of sound, ¿os imagináis mantener una conversación importante entendiendo bien solo el 30% de todo lo que se dice? ¿Os imagináis funcionar con solo un 30% de oxígeno o comer solo el 30% de las calorías recomendadas?

Por supuesto, uno puede habituarse a la manera de hablar de alguien (los padres, la pareja, los mejores amigos), especialmente si se tiene mucho trato con esa persona. A cambio, también se les lee los labios a gente que no conocemos de antes y que, por tanto, suelen resultar mucho más difíciles de entender. Eso por no mencionar los acentos: pensad en las diferencias existentes solo en España. Si ya me cuesta a mí a veces entender a un andaluz que hable muy cerrado, imaginad leerle los labios. Y qué me decís de los niños, cuando aún no saben hablar bien...


Otra limitación es, por supuesto, la distancia del interlocutor, porque las personas sordas tampoco llevan prismáticos incorporados. Igual que a nosotros nos cuesta leer la letra pequeña de los anuncios, a ellos les cuesta descifrar qué quieren decirles desde el otro lado de una sala.

Foto extraída de Una mujer, una voz, de Catherine L'Ecuyer.

Y tampoco llevan rayos X, así que nada de taparse la boca al hablar o hacerlo de espaldas. Esto, que parece una obviedad, que seguro creéis que no lo hacéis, lo hacemos más a menudo de lo que nos pensamos. Por ejemplo, a veces hablamos mientras nos rascamos la nariz, al girarnos para ver si viene ya el autobús, los profesores hablan mientras escriben en la pizarra, hablamos mirando la agenda, nos tapamos la boca porque nos acabamos de reír (y eso que las sonrisas hay que lucirlas siempre),... Así que, ya sabéis, lo ideal es hablar de frente con quien nos lee los labios.

¡Meeeec! Así no.


También resulta difícil entender a los que hablan entre dientes, a los que hablan muy rápido, a los que arrastran las palabras, a los que llevan un caramelo o un chicle,... Además, por supuesto, hay bocas y bocas, y eso ya lo ilustraron los chicos de That deaf guy en la siguiente tira cómica:

Los labios de colágeno, los bigotes grandes y los que hablan con la boca llena
son algunas de las pesadillas de quienes leen los labios.



También podríamos mencionar aquí a las personas poco expresivas, cuyo lenguaje corporal y expresión facial no comunican nada. ¿Que de dónde creéis que se saca la información si no para rellenar ese 70% de huecos, aparte de del contexto? O, en el otro extremo, a aquellas que, conscientes de la dificultad que entraña la lectura labial, tratan de ayudar vocalizando de una forma muy exagerada, abriendo mucho la boca, de forma que eliminan cualquier posibilidad de interpretar sus labios.

Además, solo se puede entender lo que ya se conoce, es decir, probablemente no entenderemos una palabra leyendo los labios si no nos suena siquiera. Para la lectura labial la clave es reconocer lo que ya se conoce y por eso es tan importante fomentar la lectura y la adquisición de vocabulario variado de varios campos temáticos y registros.

¿Cómo? Mi no entender.


Como veis, la técnica de leer los labios no es perfecta, así que dejad de pensar que las personas a las que se les da bien podrían ser espías profesionales. Por supuesto, con la práctica nos podemos convertir en expertos, así que, ya sabéis, probad algún día a quitarle el sonido a la tele y a ver de qué os enteráis. Así seguro que ya no dudáis de la importancia de los subtítulos...

Sobre todo si pilláis un programa de dibujos animados, ventriloquia o marionetas:





O, si sois un Jedi, entender a los siguientes personajes:


Si queréis saber más sobre este tema, os recomiendo el blog Léeme los labios de Sergio López Lozano, que ha hecho estos cuatro estupendos vídeos explicando todas las dificultades de la lectura labial:

Capítulo 1: Sobre las principales dificultades de la lectura labial, por ejemplo el hecho de que algunos fonemas, aunque suenan diferente, se ven de la misma manera al leer los labios.




Capítulo 2: Evaluad si seríais capaces de distinguir palabras sencillas como asa / casa / hacha / gasa leyendo los labios. Aviso: no es nada fácil...




Capítulo 3: Factores relativos al emisor del mensaje de los que depende que lo entendamos o no: si vocaliza mucho o poco, si está kejos o cerca,...




Capítulo 4: Este vídeo está dedicado especialmente al cuerpo docente, pues se aportan algunos consejos básicos sobre cómo actuar cuando te tienen que leer los labios.



5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me alegro, María :-) Gracias por pasarte por aquí.

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  2. jejeje muy bueno, se lo voy a comentar a mis compis que son dos personas sordas y expertas en la lectura labial, bueno eso es lo que comentan instituciones públicas o privadas,personas que aunque parezca mentira pertenecen a otras entidades o asociaciones de discapacidades, etc.. para no poner a una interprete de Lengua de Signos, porque el ÚNICO problemilla que tienen es que no pueden ESCUCHAR (jeje) que no es lo mismo que OÍR.. pero lo de la LECTURA LABIAL lo bordan, lo entienden TODO y si en algún momento de la coferencia o exposición no han entendido o están perdidas se pueden levantar o levantar la mano y preguntar sin NINGÚN problema que para eso están!!

    Es más me podría aventurar que igual el 30% es demasiado,...

    Lo dicho muy buena la exposición....

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    1. Jejeje, me has pillado perfectamente :-) Gracias por tu comentario y por el tono elegido.

      ¡Un saludo y hasta pronto!

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  3. Interesante, también deberíamos decir, que las personas deberían intentar hablar mejor, articular correctamente, marcar las vocales, las consonantes oclusivas y hacer un esfuerzo personal para que la persona sorda, tenga mejore oportunidades de leerle los labios y de paso, que su lenguaje personal se enriquezca en la prosodia. Hay mucha gente que habla como si tuviera una papa dentro de la boca.

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