lunes, 13 de enero de 2014

Oyente en una familia de padres sordos: entrevista a Julián

Como os comentaba en la entrada sobre la asignatura Psicosociología de las personas sordas y sordociegas, uno de los trabajos que realizamos en el primer curso del ciclo de interpretación de lengua de signos fue entrevistar a dos personas en cuyo núcleo familiar hubiera alguien sordo. Hoy os presento a Julián (38), cuyos padres lo son y se comunican en una lengua de signos inventada por ellos mismos. Él, oyente, estudió conmigo los niveles elemental y medio de lengua de signos española en Fesord hace dos años y me ha dado permiso para publicar esta entrevista, que en mi opinión es interesantísima. Muchas gracias a él y a mi compañera Clara, que se encargó de hacer la entrevista y transcribirla después, por dejarme compartirla. A ver qué os parece.

• Haznos un pequeño resumen de la pérdida auditiva de tus padres.
Mi padre es sordo desde que tenía aproximadamente un año de edad a causa de unos fármacos que en aquella época se administraban a los bebés y que posteriormente se supo que provocaban sordera. Mi madre es sorda casi profunda de nacimiento, tiene una pérdida del 80%, aproximadamente. El resto de la familia de ambos es oyente, salvo el hermano pequeño de mi madre, que también tiene una pérdida auditiva importante aunque con la ayuda de un audífono se desenvuelve perfectamente.

• ¿Cómo se comunican entre sí tus padres?
Hacen falta años de experiencia para poder comunicarse como lo hacen ellos. Lo que nosotros identificamos como signos, ellos lo utilizan para comunicarse, pero no construyendo frases, sino que se trata de una acumulación de signos. Hace falta mucho vocabulario, pero se comunican mediante la gesticulación y los signos que conocen y tienen acordados. Tienen su propio lenguaje y, como están en el mismo entorno, la comunicación fluye. Cuando les hace falta un signo, uno de los dos se lo inventa, el otro le pregunta qué es y ya está.
La comunicación entre ellos es bastante fluida, pero depende de la situación. Por ejemplo, si uno de ellos quiere decir una cosa sobre un tema del que nunca han hablado es más complicado y tiene que describir un poco más la situación a la que se refiere. Si el otro no conoce el contexto o el tema del que se está hablando, o es algo que no se ha mencionado antes, es difícil que lo entienda. La comunicación básica es fluida, pero los conceptos nuevos cuestan.
El resto de personas de nuestra familia no domina este sistema de comunicación y suele utilizarnos a mis hermanos y a mí como intermediarios para comunicarse con ellos. Mis padres no hablan, mi madre es capaz de leer los labios si le hablas despacio y vocalizando, pero mi padre no.

• ¿Cuál fue la reacción de tus padres al tener hijos oyentes? ¿Esperaban hijos sordos?
Yo creo que no esperaban nada, ni una cosa ni otra. En aquella época no se planteaban la herencia genética de la sordera; eran otros tiempos, había que tener hijos para que trabajaran y ya está. Mis padres son un matrimonio de conveniencia: cada uno vivía en un pueblo y, como eran sordos los dos, se arregló que se casaran.

• ¿Cómo os comunicábais en casa?
Usamos el sistema de signos de mis padres, nos hemos criado con él, pero nuestra capacidad de comunicación con ese lenguaje no es tan perfecta como la de ellos, porque se basa en la experiencia y en el día a día. Nosotros lo conocemos porque lo hemos «mamado» desde pequeños, pero a medida que mis hermanos se han ido alejando del núcleo familiar para hacer vida con sus parejas han ido perdiendo capacidad de comunicación, porque no están viviendo el día a día de la relación con mis padres. Ahora muchas veces yo soy el intérprete entre mis padres y mis hermanos, porque es un lenguaje que se aprende con el roce. Mis hermanos y yo nos comunicamos mediante el lenguaje oral.

¿Y lo utilizasteis de niños alguna vez para excluir a tus padres?
No, la verdad es que nunca lo usamos en ese sentido. Pero es cierto que mis hermanos y yo hablábamos en lengua oral y a veces nos preguntaban qué habíamos dicho y, si era una tontería, no se lo decíamos porque no era importante y era más complicado explicarlo. Eso les fastidiaba.

¿Saben tus padres lengua de signos española?
No, no la conocen. Cuando empecé a estudiar LSE en Fesord, volvía a casa y les explicaba los signos que me habían enseñado y no eran los mismos que los suyos, pero algunos se parecían y ellos me entendían... Yo creo que a ellos no les habría costado mucho entender a una persona sorda signante.

• ¿Y qué te motivó a apuntarte a los cursos de lengua de signos?
Era una inquietud que tenía desde hacía mucho tiempo. Fui a Fesord hará cosa de siete u ocho años, para pedir información, pero luego lo fui dejando por temas de trabajo y hasta el año pasado no hice los cursos.
Quería saber qué era el lenguaje de signos y cómo funcionaba, no con el objetivo de comunicarme con mis padres, sino por el mero hecho de conocer un poco más sobre ese lenguaje y sobre la comunidad sorda a la que pertenecen mis padres. También para, si en alguna ocasión teníamos la oportunidad de comunicarnos con una persona sorda signante, poder hacer de puente de comunicación entre ella y mis padres, ya que al fin y al cabo la LSE es la lengua oficial.

• Durante la infancia, ¿intentaron tus padres estimularos a ti y a tus hermanos auditivamente?
Nada, en nuestra casa había silencio. Nuestros padres sabían que oíamos, pero dejaban ese tipo de estimulación para el resto de la familia y el colegio. La preocupación por los hijos siempre existe, pero antes se los protegía menos que ahora, no se estilaban las técnicas de estimulación temprana ni técnicas psicopedagógicas de aprendizaje, etc. La educación era mucho más libre, había menos preocupación a no ser que hubiera algún problema manifiesto.

• ¿Aprendiste a hablar a la misma edad que el resto de los niños?
Sí, no hubo ningún problema porque toda nuestra familia es oyente. Lo que es curioso es que yo hablo igual que mi hermano mayor, especialmente en el tono de voz, probablemente porque él fue mi referencia en mis primeros años de vida, ya que en casa las voces que escuchaba eran las de mis hermanos mayores.

• ¿Había en casa algún tipo de ayuda técnica?
Hace tres o cuatro años instalé unos videoteléfonos, pero ahora utilizamos sobre todo Skype: he comprado una tableta que me sirve para hacer videoconferencias con mis padres, aunque aún estamos en fase inicial experimental. Pero sirve para que, si se van al pueblo, puedan hablar con los hijos en cualquier momento. También el timbre de la puerta es un indicador sonoro y luminoso.

• ¿Alguna vez asumiste el rol de intérprete o acompañante de tus padres durante la infancia? ¿A qué edad?
Sí, por ejemplo, a todas las reuniones del cole, de padres y profesores, acudía mi madre con el hijo correspondiente. El profesor nos decía a nosotros “tiene que venir tu madre a hablar conmigo” o “hay reunión de padres y tienen que venir los tuyos” y nosotros íbamos también, aunque no hubiera ningún niño más, e interpretábamos. Tendríamos cinco o seis años. Algunos profesores a veces dudaban de que les estuviéramos interpretando a nuestros padres lo que ellos decían de verdad y no lo que nos parecía a mis hermanos y a mí. Siempre les quedó esa duda.
Y también para todo el tema de bancos, escrituras... Ahora que somos mayores, más que antes, cuando recurrían a mis tíos y abuelos ‒a los adultos‒ porque nosotros éramos pequeños. Actualmente el punto de apoyo de mis padres somos nosotros.

 • Si querías saber algo o te encontrabas en una situación complicada... ¿Acudías a tus padres o a otros familiares oyentes?
En general, recurríamos a nuestros padres para las cosas importantes, pero muchas veces nos buscábamos la vida por nuestra cuenta, pero no porque la comunicación fuera difícil, sino porque los conocimientos de mis padres están muy limitados. Ellos no podían ayudarnos a gestionar una solicitud de beca o cualquier otra cosa, normalmente no sabían lo que era ni lo que hacía falta. Pero no era que la comunicación fuese difícil, porque no lo era. Mis hermanos, mis padres y yo teníamos una comunicación interna bastante buena, nos entendíamos perfectamente con el código de signos de mis padres.
Ni mis hermanos ni yo sentimos nunca que nuestra familia fuera diferente: ni mejor ni peor que las demás. Es lo que hemos vivido desde que nacimos y es nuestro día a día. La sordera de mis padres no supone para nosotros un inconveniente y nunca hemos deseado que fueran diferentes o que no fueran sordos.
 
• ¿Se relacionaban tus padres con los padres de tus amigos del colegio cuando eras niño, por ejemplo al ir al parque o coincidir en alguna actividad extraescolar?
Nuestros padres no se relacionaban mucho con los padres de otros niños. Dejaban que mediáramos nosotros. Se conocían de vista, pero no se comunicaban mucho. En caso de tener que comentar algo sobre nosotros, nos usaban de intermediarios. Pero en ningún caso quedaban para hacer actividades con otras familias con niños.

• Y los otros niños del cole ¿te veían como alguien distinto por el hecho de que tus padres fueran sordos?
Nunca nos dijeron nada, es más, muchos de ellos yo creo que no lo sabían, porque nuestros padres no iban mucho al colegio y no recuerdo ninguna situación en la que nadie me discriminara ni me preguntara por esa circunstancia. Y creo que a mis hermanos tampoco.

• ¿Qué tipo de relación tenían tus padres con las personas del entorno más cercano: vecinos, amigos, etc.?
Mis padres se desenvuelven bien. Se llevan bien con los vecinos, pero no hay mucha comunicación. Para lo que necesitan se hacen entender, como pagar las cuotas de la comunidad, ir a la compra o lo que sea... pero a un nivel muy básico. La comunicación a otros niveles con las personas del entorno es bastante escasa.
Mi padre es más extrovertido, va a todas partes y hace lo que quiere, no le frena su sordera, que para él no supone un problema. Mi madre es un poco más introvertida y se relaciona menos: es la típica mujer de casa, va a misa, al gimnasio... pero sin relacionarse mucho. Yo creo que esto es una cuestión que está más relacionada con la personalidad de cada uno que con la circunstancia de la sordera, si bien es cierto que puede haber influido, pero fundamentalmente creo que se trata de una cuestión de carácter y de las experiencias de vida.

• ¿Tienen algún contacto con la comunidad sorda?
No tienen contacto con más personas sordas, salvo con el hermano de mi madre, que lleva audífono y utiliza el lenguaje oral. El problema con mi tío surge al hablar por teléfono, y a ello se añade el hecho de que yo no vocalizo mucho. Mi padre antes sí que iba a la antigua Asociación de Sordomudos de Valencia, junto a la Escuela Oficial de Idiomas y yo recuerdo haber ido a allí con él.